“Moshé preguntó por el macho cabrío del sacrificio expiatorio, pues he aquí que se había quemado y se enojó con Elazar e Itamar, los hijos que le quedaban a Aarón, diciendo: ‘¿Por qué no comieron el sacrificio expiatorio en un lugar sagrado…? Debiste haberla comido en un lugar santo, tal como te ordené’. Aarón le dijo a Moshé: ‘…Ahora que me acontecieron tales cosas [que murieron mis hijos y no han sido enterrados], ¿debo yo comer del sacrificio expiatorio en este día? ¿Dios lo aprobaría?’. Moshé oyó y fue bueno antes sus ojos” (Vaikrá 10:16-20).
Moshé reconoció su error y anunció públicamente ante todo el campamento que se había equivocado: “Me equivoqué en la halajá y vino mi hermano Aarón y me corrigió”.
Rav Shlomo Wolbe cita al Zóhar que describe el proceso espiritual que ocurre dentro de la persona que se enfurece: “…destruye su alma sagrada al alejarla de él y la reemplaza por otra alma…”. Cuando alguien se enfurece, pierde la razón y también su alma es reemplazada por un ente espiritual ajeno a él. Recordemos que el alma (la neshamá) se encuentra dentro de la mente humana, por lo que si la persona pierde la razón, también desaparece algo de la neshamá, cuyo lugar es ocupado por una energía espiritual ajena. Toda persona que se ha enfurecido enormemente lo ha experimentado: “su corazón ya no está con él”, es como si se transformarse en otra persona, pues ahora hay algo de su parte espiritual que desapareció y es sustituida por otra energía espiritual que no es de él. Por eso la gente usa la expresión “No lo hubieras reconocido” para describir a una persona furiosa. En verdad hay algo dentro de él que no tenía antes, que no era parte de él, que lo transformó en otro individuo .
Moshé se olvidó una halajá ( una Ley ) . Pero muchas veces las personas suelen perder lo más valioso que tenemos la razón y el alma .
Estudio de la Torá diario . Parashá Shminí [ El octavo día ] .


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